Una de las ideas que más ansiedad genera al iniciar un plan alimenticio renal es pensar que ‘ya no puedo comer nada de lo que me gusta’. La realidad es más matizada: la mayoría de los alimentos se pueden disfrutar en la porción correcta.
Plátano
Alto en potasio. En lugar de eliminarlo, algunas personas lo sustituyen por manzana o piña la mayoría de los días y lo reservan como excepción ocasional, siempre según indicación de su nutriólogo.
Papa
Remojar la papa cortada en agua durante un tiempo antes de cocinarla puede reducir su contenido de potasio — pregunta a tu nutriólogo sobre esta técnica y si aplica a tu caso.
Tomate y salsa de tomate
Concentrado en potasio, especialmente en salsas reducidas. Usarlo fresco y en porciones moderadas suele ser más manejable que las salsas comerciales concentradas.
Lácteos
Ricos en fósforo natural. Las porciones pequeñas y las alternativas vegetales (cuando se aprueban) pueden ayudar a variar sin eliminarlos por completo.
Frutos secos y semillas
Nutritivos, pero concentrados en fósforo y potasio. Una porción pequeña ocasional suele ser más sostenible que evitarlos del todo.
Chocolate oscuro
Un gusto posible en porciones pequeñas — mucho mejor que eliminarlo y sentir que ‘todo está prohibido’.
Embutidos y carnes procesadas
Altos en sodio y fósforo añadido. Suelen ser de los alimentos donde más vale la pena limitar la frecuencia.
Refrescos de cola
Contienen fósforo añadido de rápida absorción. Sustituir por agua natural o infusiones es una de las decisiones de mayor impacto.
Naranja y jugo de naranja
Altos en potasio, especialmente en jugo (donde se concentra más fruta por porción que comiéndola entera).
Pan integral y salvado
Más fósforo que sus versiones refinadas. No es ‘malo’, simplemente conviene conocerlo para dosificar.
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